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El blog de Proyecto áSILO


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¿QUÉ PASARÍA SI LOS GRUPOS POTENCIASEN ESOS SABERES, ESA CULTURA?

Grupo en Castuera

Sería de locos no hacerlo, intentar que no volviese a pasar. Y si vuelve a pasar, seamos conscientes de ello.

Últimamente ando dándole muchas vueltas a la cabeza con esto de los grupos, los colectivos, la precariedad laboral, nuestra generación. Me parecía imprescindible retomar el último post de la Javaloyes, donde reclama un relato de Proyecto áSILO y a la vez se pregunta por esta manera de vivir y de poder comer, de subsistir a través de las redes que tejemos por esos mínimos comunes. Imprescindible también de cara a nuestra próxima reunión en navidad, donde volveremos a poder sentir que somos cuerpos y no sólo teclas.

Supongo que para Sergio y Jose, esto de que se haya multiplicado “la familia” además de suponer un hito en el paisaje, supone un aprendizaje brutal en el que de repente estamos todos. No es nada nuevo, no somos los únicos que estamos pasando por esto, y la mayoría de nosotros hemos estado toda una carrera universitaria a base de trabajos en grupo…Así que digamos que algo conocemos, lo hemos ido aprendiendo a base de experimentarlo. ¿Qué os parece si esta vez no fallamos? ¿O si fallamos, que seamos conscientes de ello? Os explico un poco más esto, y además así, añado relato a Proyecto áSILO.

Aquí una, Ana Enguita, viene de una realidad alicantina de ruptura de colectivo. Suena un poco duro, pero es cierto que se deshizo, que hablar de ello siempre genera una discusión. Hay puntos de vista encontrados . El colectivo se llama(ba) “Ministerio de Voltios”, digamos que antes fue “Los frescos”, y digamos que antes fue “A tutti plen” o no sé si a la vez… La verdad es que mi posición en el MdV fue bastante periférica por motivo de encontrarme alejada en el espacio. Pero como podéis ver, a pesar de cambiar el nombre, casi siempre estábamos los mismos, y parte de nosotros continuamos en Proyecto áSILO. Que si, que estábamos en la universidad, con el proyecto final de carrera, que eran otros tiempos… Pero sí también, se deshizo. Por mi parte, los motivos son difusos y el dolor es breve porque aún hoy seguimos en el camino. Desde hace mucho tiempo, casi desde que empecé la carrera, intuí que hemos tenido suerte en encontrarnos y que tampoco vamos a arruinarla tan fácilmente (por supuesto, y los que nos vamos encontrando en el camino). Pero es verdad que muchas veces se nos escapan comportamientos, se nos olvidan detalles importantes, y tal vez por eso, hoy no nos llamemos MdV, o a Tutti Plen, o lo que sea, tal vez por eso, hoy nos hayamos subido al barco de Proyecto áSILO.

No es sólo cabezonería de seguir trabajando con vosotros, es que de verdad creo que cambiamos el medio en el que vivimos, actuamos directamente sobre él y por eso la esperanza sigue de mi lado. De este lado del colectivo. Recuerdo lo nerviosa que me puse cuando encontré Proyecto áSILO, algo hizo clack y empezamos a hilar. Mi relato empieza en esa semana de no elegir ir a Alicante en hogueras, elegir salir de mis viajes migrados, saltarme el plan e ir a un pueblo a tomar por culo a hacer un taller de no sé qué y con un tipo que ni siquiera conocía. Para mí, el relato empieza en esos mínimos comunes que me asaltan a cada rato en esa semana en Castuera. En pensar, “sí, desde aquí empezamos otra vez, desde aquí lo vamos a hacer, desde aquí vamos a encontrar las herramientas para transformar los procesos arquitectónicos”. Gracias por vuestra generosidad Sergio y Jose. Y entonces la máquina empezó a funcionar hasta que nos cristalizamos en el taller de Castuera. Proyecto áSILO tal y como lo conocemos hoy salió allá, diría que gracias a la Javaloyes y a Jose. Pero en realidad, tal vez, sería injusto para todos los demás.

Pues bien, con este desnudo emocional que os acabo de hacer, me paso a hablaros de que ya hay gente que cree en lo colectivo como modo de hacer, y además hay incluso quienes han escrito un libro porque piensan que también se aprende y que esta sabiduría es importante compartirla, participarla para poder trabajar de este modo sin desgastes ni renuncias. Se llama “Micropolíticas de los Grupos. Hacia una ecología de las prácticas colectivas”. Ellos son David Vercauteren, Oliver “Mouss” Crabbé y Thierry Müller (si está David Cárdenas leyéndome: sí, pone eso, pone Thierry Müller :P). La editorial es Traficantes de Sueños, y como todos sus libros, te lo puedes descargar libremente en la web ya que tiene licencia creativecommons. Os dejo el enlace aquí.

El libro está dividido por capítulos, ordenados por orden alfabético, para que tú vayas leyendo según te interese el tema. He decidido que iré haciendo un post por tema ya que me parece que de alguna forma todos los que seguimos trabajando en grupo, aprenderemos muy bien de este libro. De momento os hablo un poco de la intro y vamos entrando en materia…

Dejo varios conceptos a trabajar, a reflexionar, masticar, rumiar, etc. Son los que a mí me han parecido dignos de mención, pero de verdad, os invito a todos a que os leais el libro para que la reunión sea más rica en navidad.

Al hilo de otras lecturas que he tenido en las útlimas semanas (ya os digo que ando muy Agatha Christie en esto) el primer término que emplean es el de la “desindividualización”. Meredith Haaf (autora del otro libro que devoré: “Dejad de lloriquear. Sobre una generación y sus problemas superfluos.”) comenta que nos hemos desarrollado valorando más la diferencia frente a la coincidencia. Además, si como dicen en Micropolíticas de los Grupos, “el individuo es el producto del poder”, todavía con más razón, busco (buscamos) el constante generador de “desindividualización”. Y me explico. La optimización de uno mismo, el “aprovechar lo mejor de uno mismo” (entendiéndose el verbo aprovechar en términos económicos capitalistas) es uno de los eslogans que ha marcado a nuestra generación. Creo que el hecho de que busquemos sinergias en un colectivo, cuidemos esos mínimos comunes, también destroza esa figura fácil del imaginario: la yupi ejecutiva solitaria que busca el éxito profesional en su vida. Así, por ser un poco pornográfica (demasiado clara en la explicación!). Pero no es sólo eso, Micropolíticas también dice “el grupo no debe ser el lazo orgánico que une a los individuos jerarquizados, si no un constante generador de “desindividualización””. De todas formas, creo que en temas de horizontalidad damos bastante el talle 😉

Otro concepto, o más bien proceso con el que nos encontramos, es el que os adelantaba un poquito antes cuando hablaba de que “algo de convivir en colectivo ya vamos sabiendo”. Pero es verdad que lo hemos ido aprendiendo sin ser conscientes, digamos de una manera “natural”, con la cultura que cada uno lleva en su mochila. En el libro dice “No somos grupo, devenimos grupo. Y la posibilidad de ese devenir hay que construirla”. Por eso escriben el libro, para aunar ese conocimiento, para darnos cuenta de que no es tan “natural”. Además es una sabiduría poco escrita y más bien acallada. Como la sabiduría de las brujas, de los campesinos, de los artesanos, una sabiduría que no ha sabido traducirse en valores de cambio (es decir, en monedas) y por tanto poco interesante, incluso “peligrosa” para el mercado. Se trata por lo tanto, de un cultivo de la micropolítica, y de una pausa a la macropolítica, es decir “los motivos explícitos del grupo, las programaciones que hay que llevar a cabo y las agendas que hay que cumplir”. Y aquí, haciendo un pequeño homenaje a los nómadas y enmarcando la coincidencia dice “ Una palabra en árabe antiguo designa esta idea: Eilm.Eilm” es el saber particular de los signos, de las fuerzas del viento, de los relieves movedizos del territorio, que permite a los nómadas desplazarse en el desierto sin perderse”. Y preguntan “¿qué pasaría si los grupos potenciasen esos saberes, esa cultura?” Por eso veo tan importante este espacio de reflexión, hacer un post de cada capítulo.

Para terminar os dejo algunas claves que nos regalan en la introducción para seguir construyendo grupo:

  • Autonomía (económica): “El envite consiste entonces en desarrollar estrategias de obtención de medios de producción y, al mismo tiempo, de obtención de renta directa e indirecta, que permitan escapar tanto de una reinserción forzosa como de las condiciones de subsistencia precarias vinculadas a las ayudas sociales.”
  • Aprender a resistir a la urgencia: “y construir un compromismo que, por un lado, no confunda lo urgente con lo importante, la moral con la ética”
  • La “naturalidad” de la práctiva colectiva; los “buenos” hábitos frente a la voluntad: “la voluntad es una fuerza muy débil en comparación con las fuerzas movilizadas por los (malos) hábitos. Esos “ancianos señores” tienen una inteligencia muy hipócrita. Se ocultan para reaparecer con más fuerza en la superficie, se esconden debajo de la mesa a la espera de poder reinstalarse cuando la buena voluntad se canse.”

Y termina la introducción diciendo: “Nuestro trabajo se presenta como un mosaico de situaciones-problemas que podemos encontrar en una experiencia colectiva”. Pues bien, entonces iré redactándolos conforme los descubra para poder enfocarlos a tiempo, transformarlos.

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